Vale la pena hacer un MBA?

 

Si alguien invierte 60.000 euros de su bolsillo en un MBA, quiere decir que espera una recompensa tanto en el ámbito personal como profesional. Se cumple la teoría hoy en día?

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“Que si vale la pena hacer un MBA? Pues mira, a mí ni la empresa me pagó, ni me ascendió después del máster. Puedo responder que al menos vale la pena para encontrar novio?”. Esta fue la primera respuesta – medio en broma – de Julia, una ejecutiva catalana de 39 años, del sector farmacéutico, que hace cinco años decidió pagarse de su bolsillo un Executive Master in Business Administration (EMBA) al escuela de negocios Iese. Después de 18 meses compaginando el trabajo con las clases (viernes y sábados) y un montón de vísperas destinados a hacer proyectos y trabajos en grupo, Julia ya puede presumir en su currículum haber cursado un MBA en una de las mejores escuelas de negocios del mundo.

En las aulas del Iese fue también donde conoció a su futuro marido, un ingeniero europeo de su edad, consultor en el sector de los materiales de la construcción, con quien está a punto de tener un segundo hijo. Tanto Julia como su marido son ejemplos de personas con perfiles académicos alejados del mundo de la gestión que después de una larga experiencia laboral en una compañía decidieron pagarse de su bolsillo los cerca de 60.000 euros que cuesta un MBA por adquirir nuevos conocimientos en dirección y administración de empresas y conseguir un salto en el ámbito curricular y profesional.

Más allá de la satisfacción personal, les ha servido de algo esta inversión? “La era dorada de los estudios de administración y dirección de empresas transcurre entre 1950 y 2000, cuando era condición casi indispensable tener un MBA para acelerar tu carrera, esta necesidad de tener un MBA ha cambiado. Incluso consultorías como McKinsey apuestan por fichar perfiles con Doctorados o de otros sectores, y prefieren formar ellos mismos. si ahora vas a un banco de inversión, te dirán que si te quedas, podrás llegar a ser gerente, sin tener un MBA “, explicaba recientemente el director de la Harvard Business School, Nitin Nohra, al diario The Wall Street Journal. Según explica Nohra, la demanda del programa MBA full time (dos años) por parte de estudiantes estadounidenses en la escuela de negocios de Harvard ha caído en un 20% en los últimos 15 años, mientras que la demanda de másters específicos – de duración más corta y precios más asequibles, en comparación a los 100.000 dólares que cuesta un MBA – ha ido en aumento.

 

Todo ello tiene mucho que ver con la crisis y la transformación del mercado laboral, cada vez más competitivo y volátil. Hasta hace unos años, un MBA era una buena herramienta de incentivo o de retener el talento y muchas compañías estaban dispuestas a financiar estos programas a sus empleados más talentosos, especialmente en el sector de la consultoría estratégica y la banca de inversión.

Entrar en el club de los Top 20
El MBA del IESE, el de IE Business School y el de Esade se sitúan entre los 20 mejores del mundo, según la clasificación elaborada por el diario económico Financial Times. “Es cierto que con la crisis ha caído el número de alumnos europeos en nuestros programas de MBA a tiempo completo, pero la demanda se ha compensado con un incremento de matrículas de países emergentes, como China”, explica Carmen González, career management associate director de Esade.

González explica que en la escuela de negocios con sede en Barcelona, ​​los estudiantes más jóvenes o con poca experiencia laboral se decantan más por los másters específicos (como Marketing, Finanzas, etc.). En cambio, los perfiles más senior “siguen prefiriendo un MBA, ya que te permite obtener una visión más holística de la empresa y de la toma estratégica de decisiones“. Entre los estudiantes de MBA de Esade, los perfiles son diversos: ingenieros, abogados, gestores culturales … “Suele ser gente que quiere adquirir una visión estratégica de la empresa, orientada a la gerencia”, dice González.

El coste de un MBA en una escuela de negocios de prestigio suele oscilar entre los 60.000 y los 90.000 euros, en función de la duración del programa. En Esade, por ejemplo, ofrecen programas de ocho hasta 18 meses a dedicación completa, incluyendo un intercambio académico y prácticas en una empresa.

“En la situación actual, los estudios de máster y de especialización son buenos, sobre todo si van acompañados de prácticas laborales, preferiblemente en el ámbito internacional”, comenta Juan Carlos Riba, director general de la consultora Agrupa y presidente de la Asociación de Empresas de Búsqueda y Selección (BYS). Sin embargo, Riba cree que aunque los másters seguirán siendo relevantes en un currículo, las dificultades posteriores a la hora de buscar un trabajo recaen en la precariedad de los contratos por los jóvenes en nuestro país. “Tienen que cambiar las formas y los modelos de trabajar, esto generará movimiento y más puestos de trabajo, a pesar de que la seguridad en el trabajo no volverá“, comenta el consultor.

Adaptarse a las necesidades del mercado
Actualmente en Esade hay 160 estudiantes de MBA de 46 nacionalidades diferentes, y sólo un 5% son españoles, explica González. En el programa full time – de 18 meses a tiempo completo- la mayoría de los estudiantes han pagado ellos mismos el curso. Son gente que desea hacer un giro en su vida profesional y pueden permitirse pasar casi dos años sin trabajar “, comenta González. En otros programas más flexibles, como el Executive MBA, los perfiles suelen ser personas entre 30 y 40 años, con un trabajo estable.

Es el caso de Mark, un ejecutivo europeo de 37 años, que trabaja desde hace diez años en una destacada compañía española del sector de la construcción. Mark, que prefiere no decir su nombre real, es licenciado en Administración y Dirección de Empresas y admite que cursó el Executive MBA “porque tenía ganas de romper con mi rutina diaria, ver cosas nuevas, abrir nuevos horizontes. para los que ya estudiamos en una escuela de negocios, un MBA es un poco como pan comido, aunque sirve de reciclaje profesional y es una oportunidad para hacer networking o para emprender “, añade el ejecutivo, residente en Barcelona y padre de tres hijos. En su promoción había 44 estudiantes – de los cuales sólo cinco eran chicas -, la mayoría entre 30 y 40 años, y de perfiles diversos. “Algunos lo tomaban más en serio, y otros sólo les interesaba hacer contactos. Está claro que podías optar por terminar un trabajo haciendo un copy-paste o esforzarte para hacerlo bien, como en todas partes”, bromea .

Mark fue uno de los últimos empleados de su empresa a beneficiarse de que la compañía le financiara el máster como parte de un incentivo laboral. “Antes de la crisis era frecuente que la empresa pagara un MBA a los ejecutivos con mayor potencial de crecimiento, pero sería incoherente que lo hicieran ahora, cuando han sido congelando o bajando sueldos”, comenta. “Obviamente, si alguien paga hoy de su bolsillo 60.000 euros en un MBA, quiere decir que espera una recompensa, al menos en lo personal”.

En las próximas semanas, Mark espera un importante ascenso a una posición directiva dentro de la empresa. No sabe a ciencia cierta si el ascenso está relacionado con haber cursado un MBA, pero de todos modos está satisfecho con la experiencia de haber cursado el máster. “Al final un MBA es un plus en tu currículum, una forma de diferenciarte del resto. Perfiles como mis -licenciados en ADE, que pasan por auditoría y después entran como financieros en una empresa- hay miles “, admite Mark. “En la decisión de hacer el máster había una parte de ambición y de autoexigencia: quería demostrarme a mí mismo que era capaz de hacer un MBA, medirse con los demás”, concluye.

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